Semblanza de Omar Torrijos

 Paulo Cannabrava Filho
periodista brasileño

  Omar Torrijos Herrera es uno de los personajes más importantes del siglo XX y poca gente lo admite, principalmente en Panamá. Para entender la dimensión del personaje basta hacer una reflexión sobre lo que fue la Batalla por el Canal de Panamá y lo que fue su revolución social para los panameños.

Omar osó enfrentar la más poderosa potencia bélica del planeta y le inflingió la más espectacular derrota jamás sufrida por los Estados Unidos, y eso, sin disparar un solo tiro. Y al mismo tiempo que condujo la guerra diplomática por la conquista de la soberanía sobre todo el territorio panameño, realizó una verdadera revolución social que cambió la cara y el destino de la nación.

En febrero de 1969, habiendo superado los conflictos y contradicciones en el seno de la Guardia Nacional, Omar Torrijos asumió el poder y el comando de una verdadera guerra con dos frentes. En el frente externo, los Estados Unidos que habían transformado el territorio de la Zona del Canal en un verdadero enclave colonial, y la conciencia del pueblo estadounidense y de una buena parte de pueblos y gobernantes del mundo que creían que el Canal pertenecía realmente a los Estados Unidos. En el frente interno, las viejas oligarquías acostumbradas a utilizar el poder del Estado en beneficio propio y a explotar al pueblo trabajador, victima de la exclusión social. Omar transformó la lucha por la soberanía de Panamá en la religión de todos los panameños y su revolución le dio dignidad al pueblo.

La primera gran victoria de la diplomacia panameña en la batalla por el canal, fue lograr que el Consejo de Seguridad de la ONU se reuniera en Panamá del 15 al 21 de marzo de 1973. Los Estados Unidos hicieron lo imposible para evitar que eso ocurriera. Primero amenazaron con matar a Omar Torrijos. Como no les resultó, mandaron poner en sus manos un millón de dólares sin recibo. Tuvieron como respuesta el recrudecimiento de la batalla diplomática. Omar les mandó decir que nunca hemos sido, no somos, ni nunca seremos estado asociado, colonia o protectorado, ni queremos agregar una estrella más a la bandera de los Estados Unidos.  El Consejo de Seguridad examinó la reivindicación panameña y la propuesta fue finalmente aprobada por trece votos y un veto – el de los Estados Unidos.

Otra gran victoria diplomática fue alcanzada en febrero de 1974, con la Declaración Tack/Kissinger, por la cual los Estados Unidos aceptaron la eliminación del concepto de perpetuidad y la necesidad de elaborar un nuevo tratado.

En noviembre de 1976 fue elegido Jimmy Carter a la presidencia de los Estados Unidos.  En enero de 1977 las negociaciones, que estaban emperradas desde 1975, debido a la campaña presidencial, fueron reanudadas en un nuevo clima. Carter asumió con la intención de resolver el problema e indicó a Sol Linowits y Ellsworth Bunker para perseguir ese objetivo. Se formó una nueva Comisión Negociadora presidida por Bunker por el lado estadounidense y por Rómulo Escobar Betencourt por el lado panameño.

En 1975, Panamá fue reconocido como miembro pleno del movimiento de los No Alineados. Estableció relaciones con los países socialistas de Europa, la Unión Soviética, China y Corea del Norte. Reconoció la soberanía de Guinea Bissau aún antes de la independencia. Apoyó a la Organización para la Liberación de Palestina, la OLP de Arafat, y todos los movimientos libertarios en cualquier parte del mundo. En 1976 buscó contactarse con todos los jefes militares y con los Estados Mayores de América Latina, para mostrar el absurdo de la imposición de un tratado a perpetuidad, y que no había sido firmado por ningún panameño. Apuntaba los riesgos que eso significaba para la soberanía de los países del continente. Los países de Centroamérica eran los más reacios. Por el simple hecho de Panamá tener relaciones con Cuba creían que el Canal podría caer en manos de los comunistas.

En 1977 Omar inició una gira por los cinco continentes. Su intención era internacionalizar el problema lo máximo posible. Razonaba que una vez que todo el mundo se beneficiaba del canal, no era justo que la cuestión fuera tratada como un problema bilateral entre Panamá y EUA. Por donde pasaba obtenía apoyo gubernamental a sus posiciones y gran repercusión en los medios. Quizás haya sido la única persona en el mundo que habiendo manifestado apoyo a Libia de Kadaffi y a la OLP de Arafat fue también recibida en Israel. En esa misma ocasión visitó India, Sri Lanka, Yugoslavia, España, Francia, Italia, Vaticano, Suecia, Finlandia, Alemania Federal, Gran Bretaña y fue dos veces a los Estados Unidos. El sargento José de Jesús Martínez, profesor universitario y políglota,  lo acompaño en todos esos viajes. Al final del día cuando se recogían para dormir, él me pasaba por teléfono las reflexiones del general sobre el día de trabajo, las impresiones sobre el país y los gobernantes visitados. Yo las transcribía y las enviaba a los medios de comunicación. Después de todo terminado publicamos un libro con esos pensamientos

La firma de los Tratados Torrijos-Carter, a 5 de septiembre de1977, en la sede de la OEA, en Washington, fue otra gran victoria de la batalla por el Canal, pero no la definitiva porque los nuevos tratados tendrían que ser aprobados por el Senado de los Estados Unidos donde había fuerte oposición. En Panamá fueron aprobados en plebiscito inmediatamente después de la firma. El 16 de marzo de 1978, en Washington, el Senado aprobó el Tratado de Neutralidad – que reconoce la neutralidad de Panamá y su canal. Solo el 18 de abril aprobaría los tratados que preveían el desmantelamiento progresivo de las bases militares, la participación panameña en la administración y manejo del canal, la reversión a la soberanía panameña de las tierras y aguas, hasta la retirada total de los Estados Unidos el 31 de diciembre de 1999.

De la firma de los tratados a la aprobación por los senadores fueron ocho meses de gran tensión. La diplomacia panameña logró hacer con que más de la mitad de los senadores estadounidenses visitasen Panamá, para ver de cerca la cuestión del canal, conocer el país y sentir el ánimo de los panameños. Venían siempre acompañados de varios periodistas. Cuando Carter, por ocasión del canje de notas ratificatorias, desembarcó en Panamá, treinta kilómetros de panameños lo saludaron en el recorrido del aeropuerto a la  capital. Hubo una manifestación popular con la participación de los presidentes Rodrigo Carazo, de Costa Rica; Andrés Pérez, de Venezuela; López Portillo, de México; López Michelsen, de Colombia; y Michael Manley, de Jamaica. Carter confesó que nunca había visto ni hablado para tanta gente. Discursó en español en una plaza donde se encontraba más de la mitad de la población de la capital y de Colón.

La elección de Carter significó la ascensión de un grupo de intelectuales que se podría llamar de moderno al aparato de poder. Una buena parte de ellos reclutados por la Trilateral que era la que mandaba en el  mundo y en los Estados Unidos en esa época. La contradicción entre ese pensamiento y el de los más conservadores ha pesado a la hora de encaminar una solución negociada con Panamá. Los sectores más atrasados no querían negociar. El Canal es cosa de los EUA y punto – decían. Los medios, en general acompañaban ese razonamiento.

Otro factor que influyó favorablemente en la negociación fue, sin lugar a dudas, el trauma del Vietnam en la sociedad estadounidense. Los hombres de la Trilateral, que tenía como jefe máximo a Henry Kissinger, sabían que Torrijos tenía razón cuando decía que el Canal es indefendible. Que la mejor defensa era la paz en la región y que la paz solo sería posible con la descolonización.  Sin embargo, para que esa generación pudiese imponer su punto de vista fue necesario mucho más que el empeño y el encanto de Carter. Fue un lento proceso de convencimiento en que se fue ganando la opinión pública.

Caso los senadores hubiesen rechazado los tratados, no habrían nuevas negociaciones y el día 19 de abril empezaría una nueva etapa de la lucha. que cuando a un pueblo se le cierran todas las rutas de negociación pacífica, a quienes dirigimos no nos queda otro camino que elegir la ruta de la liberación nacional violenta. Así que mañana se iniciaba otra etapa de la lucha, dijo Omar en rueda de prensa después de la ratificación.

Y de hecho todo estaba preparado y había “santo y seña” que haría explotar a los puntos principales de las esclusas, inutilizando el canal para la navegación. Torrijos recordaba que el líder nacionalista de Egipto, Gamal Abdel Nasser, solo logró la soberanía egipcia sobre Suez después que cerró la navegación por el canal en 1952. De acuerdo con lo planeado en la Operación Potable, si los senadores no ratificasen el tratado, un comando integrado por Machos del Monte explotaría el Canal. El grupo especial de la Guardia Nacional estaba sintonizado en Radio Libertad y actuaría al oír la seña: no son potables. Para eso, había pasado por un riguroso entrenamiento y jurado cumplir la misión. Felizmente, el grupo escuchó en la radio la frase que significaba que debían irse a su casa y conmemorar: son potables. La seña era conocida solamente por Omar Torrijos, Rómulo Escobar y el comandante del grupo de acción. Rómulo sería el primero a saber el resultado de la votación en Washington. Debería evaluarla y decidir si accionaba o no el dispositivo. Vivió momentos de gran angustia. Temía morirse de un ataque al corazón o víctima de un atentado y no poder cumplir la misión.

El 1º de octubre de 1979 entraron en vigor los nuevos tratados. Desde cero hora de ese lunes, la ciudad despertó con el tronar de cañones y fuegos de artificio, tuvo inicio un flujo continuo de gente a la Zona del Canal, que solo terminaría al final de la tarde. Alrededor de 500 mil personas entraron en la Zona en ese primer día. Oligarcas y mendigos, banqueros y empleados de la banca, liberales, conservadores y comunistas, ultras de todos los colores. La población de la capital estaba movilizada. En ese día se revirtió a la soberanía panameña una buena parte del área urbana de la Zona del Canal. Omar, que decía no querer entrar a la historia sino a la Zona del Canal no apareció en la concentración popular en la plaza ni en cualquier otro acto. Se recogió a su casa. Quería que el presidente electo, Aristides Royo, presidiera los eventos. No le quería robar el show.

 Quería que lo llamaran Omar

 Omar quería que Panamá fuera un país soberano, una nación en desarrollo y no solo un paso transoceánico. En 1972 logró aprobar una nueva y revolucionaria Constitución que creó la Asamblea Nacional de Representantes de Corregimientos. En lugar del parlamento tradicional, algo parecido con una asamblea popular, en la que actúan representantes elegidos en los 505 corregimientos en que se divide el País. Gobernó con cuadros jóvenes que habían sido activistas en la izquierda universitaria. Enfrentaba la oposición política de las oligarquías y de los partidos tradicionales que anhelaban volver a controlar el poder. Pero era una oposición sin muchas consecuencias.

Convencido de que debía dar condiciones para que el proceso revolucionario que iniciara tuviese continuidad, patrocinó la formación del Partido Revolucionario Democrático, afiliado a la socialdemocracia internacional. El PRD, en alianza con pequeños partidos de izquierda, fue gobierno desde 1978 hasta 1999, excepto en el periodo en que el país fue invadido por tropas de los Estados Unidos que le impusieron un gobernante títere fiel.

Denunciaba como falso el dilema comunismo x anticomunismo. Para él, en Panamá, la cuestión era nacionalismo contra colonialismo, desarrollo contra subdesarrollo, amplitud democrática contra tiranía pro-imperial. Decía también que su gobierno no había surgido solamente contra los malos gobernantes. Surgió también y sobre todo, contra un sistema malo. Lo nuestro no es una rebelión. Quiere ser revolución.

Omar soñaba con construir en Panamá una sociedad lo más igualitaria posible, solidaria. Sabía que era difícil, pero no creía que fuera imposible en un país pequeño. Pequeño en territorio y en población, pero una síntesis de la problemática común a todos los pueblos de América Latina. En una de sus “patrullajes” oí que decía: Hicimos la Reforma Agraria, la Reforma Fiscal, la Reforma Administrativa, la Reforma de la Educación, la Reforma Laboral y estamos empeñados en la transformación de las estructuras para que el país salga del pozo negro en que lo metieron los demagogos y los mandatarios deshonestos”. Y agregaba queningún país conserva su estabilidad y orden manteniendo grandes grupos marginados del progreso”.

Le gustaba que lo llamaran Omar. Quizás por constreñirse frente a la autoridad, solo unos pocos amigos lo hacían. Al caminar por las calles se ponía contento cuando el pueblo se acercaba llamándolo Omar o de lejos gritaban su nombre. Sabía valorar la lealtad y condenar la falsedad. Era amigo fiel de sus amigos. Nunca le preguntó a nadie su ideología y su creencia. Evaluaba las personas por lo que eran y hacían. Más oía que hablaba. Escuchaba observando profundamente a las personas. Las miraba en los ojos como quién estuviera escrutándole el alma. Cuando hablaba era conciso y preciso. Hay colecciones de sus frases que constituyen aforismos, verdaderas lecciones de vida.

Se expresaba en un lenguaje bien popular. Quería que el pueblo supiera que era uno de ellos. Y decía que era un 99% idéntico a su pueblo y por eso entendía sus problemas. Y en eso no había falsedad. Era realmente un hombre del pueblo. Dijo alguna vez que creía que cuando llegara a jefe dejaría de ser comandado. Llegó al más alto puesto, de comandante de la Guarda Nacional y jefe de Estado y constató que estaba muy equivocado: ¡ahora me manda todo el mundo! Me mandan los sindicatos, me mandan los estudiantes, me manda cualquier madre de familia que asoma a la puerta, que quiere conversar conmigo. ¡No solo me manda sino que me programa!

Como militar tres cosas lo molestaban. Estar sirviendo a una elite corrupta; ser usado para reprimir al pueblo en sus manifestaciones legítimas, sabiendo que este tenía razón; y el enclave colonial de la Zona del Canal, con la presencia militar ofensiva de los Estados Unidos.


Acápite 1

A partir de 1970, trabajando en los diarios El Nacional de La Paz y Expreso, de Lima, y colaborando para la revista Cuadernos del Tercer Mundo y para las agencias Interpress Service y Prensa Latina, estudiaba y escribía sobre el conflicto entre Panamá y Estados Unidos. A mi me fascinaba lo que me parecía la confrontación entre David y Goliat. Conocí personalmente a Omar solamente en 1973, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió en Panamá. Nos hicimos amigos. A cada nuevo encuentro me invitaba a que fuera trabajar con él. Cuando en 1977 tuve graves problemas en el Perú, él fue informado, me mando buscar y me puso a trabajar en la Oficina de Información subordinado a Rómulo Escobar Betancourt, su principal asesor político y jefe de la delegación panameña en las negociaciones con los Estados Unidos por los nuevos tratados. Estuve en esa oficina en el período álgido de las negociaciones. Después de la ratificación de los tratados, allí permanecí, ahora ayudando a los combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional en la lucha contra la tiranía de Somoza. Omar hizo suya la lucha del pueblo de Nicaragua y la contribución panameña sin duda fue decisiva para la victoria sandinista.

Parte del texto de este artículo, lo extraje de mi libro En el ojo de la tormenta – América Latina en los años 60/70, que será lanzado en la Feria del Libro de Guadalajara al final de este año por la Editorial Plaza y Valdés. En el libro dedico tres capítulos a Panamá y uno a Nicaragua en que relato los hechos de que fui testigo en esos años al lado de Omar Torrijos.